28 de julio de 2009

De vuelta a la madre Africa

Desde el aire Salvador de Bahia parece una ciudad inmensa, que se extiende a lo largo de la costa Noreste de Brasil hasta mucho mas alla de donde alcanza tu vista. 'Supongo que se debe a que aqui disponen de terreno de sobra para construir, al contrario de lo que sucede en Europa', le comente a Jose Ramon, con quien iba a pasar los ultimos dias de 1994 en esta urbe, cuya poblacion crece en numero casi exponencial en los ultimos tiempos. Y aunque no era mi primer viaje al continente americano, casi todo resultaba bastante nuevo para mi. No conocia el pais y, sobre todo, nunca habia estado en esas latitudes durante el invierno septentrional, con lo que el relativamente intenso calor que nos saludaba cada dia no dejaba de sorprenderme y contribuia a que mi rostro llevara dibujada una permanente sonrisa.

Aunque Salvador de Bahia es fundamentalmente famosa por sus playas, su casco historico, conocido como Pelourinho, es de enorme interes y merece una mencion especial. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sobreviven en el barrio varios centenares de edificaciones que responden al modelo de arquitectura colonial que hasta alli llevaron los colonizadores portugueses. Dar una vuelta por este lugar es toda una experiencia pues, si consigues abstraerte del a veces agobiante ambiente turistico existente en sus calles, viviras una especie de retorno en el tiempo. Durante mis paseos diurnos por el Pelourinho no pude dejar de acordarme de Portugal a cada paso que daba, cada esquina que doblaba o cada torre de iglesia que, a cada momento, divisaba en la lontananza.

La misma denominacion del casco antiguo de Salvador de Bahia trae reminiscencias historicas, pues el termino portugues 'pelourinho' viene a ser lo que en castellano conocemos como 'picota', es decir el lugar usado para aplicar justicia y servir como ejemplo de lo que te podia pasar si no te atenias a las normas existentes. Parece ser que en el caso concreto de las ciudades situadas en la costa norte brasileña, asi se denominaba al sitio donde se castigaba a los esclavos, muy abundantes en esta zona. Lo cual no es de extrañar, pues aqui estaba la puerta de entrada para los seres humanos que eran traidos desde Africa con el fin de trabajar en las colonias portuguesas. Se entiende pues que en el Pelourinho exista aun cierto influjo africano, evidente tanto en el traje tipico de las bahianas, como en la gastronomia y el folklore de la zona y, por supuesto, en el idioma que hablan sus gentes, un portugues que sonaba bastante extraño a mis oidos.

Aunque los colonizadores portugueses, como era habitual en la epoca, intentaron imponer su religion a los esclavos arrebatados a Africa, sus intentos resultaron infructuosos. Las creencias animistas estaban demasiado arraigadas en ellos y se transmitian de generacion en generacion. Con el paso del tiempo diversos elementos usados en las ceremonias catolicas, como imagenes de virgenes o crucifijos fueron reusados en los ritos animistas, dando como resultado un sincretismo religioso en el que las ceremonias llegan hasta cierto punto a imbricarse. Quizas sea la bahiana Igreja de Nosso Senhor do Bonfim el lugar de Brasil donde este hecho se ponga mas de manifiesto, especialmente en la ceremonia llamada Lavado de la Escalera donde tradiciones animistas han llegado a integrarse en una procesion que en su origen era puramente catolica.

La evolucion de los rituales de vudu celebrados desde tiempos inmemoriales en el Golfo de Guinea, y que fueron llevados al Noreste brasileño por miembros de la etnia yoruba, es conocida como candomblé. Salvador de Bahia es seguramente el lugar donde mas adeptos tiene este culto que es, curiosamente, monoteista. Prueba de ello es que sus fieles creen en una unica deidad, denominada Olorum, y rinden culto a los orishas, que ejercen un papel similar al de los santos. Al caer la noche, el Pelourinho pasa de ser portugues a completamente africano. Lo pude comprobar dando algun que otro paseo nocturno por el barrio, cuando los misterios del candomblé se adivinaban tras ventanas entornadas y puertas cubiertas unicamente por una cortina, tras la que se vislumbraba la tenue luz de las velas. Es entonces cuando los bahianos se reencuentran con la madre Africa, esa de cuyos brazos un dia fueron arrancados y a la que quizas nunca puedan retornar.
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