15 de octubre de 2009

Todos los caminos llevan a Kuranda

Kuranda es una pequeña localidad australiana, situada a corta distancia de la mas conocida ciudad de Cairns, que fue fundada hace poco mas de 100 años con el fin de explotar la riqueza minera y maderera de la zona. Desprovista de interes historico y no demasiado agraciada esteticamente hablando, pasaria sin duda desapercibida sino fuera por su ubicacion en el corazon del bosque lluvioso que cubre esta parte del Noreste de Australia. Este hecho la ha convertido en un importante centro turistico, con numerosas atracciones para los visitantes, incluyendo espectaculos de danza aborigen, mercados de artesania, recintos donde contemplar diversos tipos de animales de la zona, entre los que destacan koalas, canguros y varias especies de reptiles, y una gran variedad de restaurantes y tiendas de recuerdos.

En realidad una visita a este lugar careceria por completo de sentido si no fuera por las maravillas que pueden observarse durante el trayecto hasta el. Kuranda esta perfectamente integrada en un bosque lluvioso que es probablemente el mas antiguo que queda en la Tierra. La biodiversidad es aqui tan asombrosa que se calcula que existen mas de 3000 especies diferentes de plantas, con numerosos endemismos entre ellas. Actualmente esta selva ocupa un area que representa una minima parte del continente australiano, aunque en el pasado llego a cubrirlo por completo. Diversas especies arboreas que aqui crecen se levantan varias decenas de metros sobre la superficie y se cree que algunos de sus ejemplares llegan a alcanzar miles de años de existencia. Para completar este paradisiaco panorama, raras especies de mamiferos y aves tienen su lugar de residencia en el bosque, aunque su caracter huidizo hace casi imposible el percatarse de su presencia.

Una buena opcion para llegar hasta Kuranda es dirigirse a la estacion de Freshwater, situada a las afueras de Cairns, y tomar un tren que hasta alli lleva a los visitantes. Este ferrocarril fue ingeniado a finales del siglo XIX para llevar provisiones a los mineros que trabajaban en la localidad de Herberton, ubicada algo mas arriba. Su construccion fue ardua, pues hubieron de excavarse numerosos tuneles y levantarse diversos puentes para salvar las adversidades del terreno. Con el cese de las actividades en la mina llego su ocaso, hasta que decidio usarse con fines turisticos. Durante el trayecto, que dura aproximadamente una hora y media, se aprecian excelentes vistas sobre el bosque lluvioso, asi como varias cascadas. Una de las mas conocidas es la llamada Stoney Creek, que cae junto a un famoso puente de forma casi semicircular por el que discurre la via.

El ferrocarril para en diversas ocasiones, con el fin de que los viajeros puedan contemplar los atractivos del paisaje que los rodea. Una de las paradas esta situada junto a un mirador desde el que se divisa otra cascada, aun mas espectacular, que es conocida como Barron Falls. Formada por el rio Barron en su vertiginoso camino hacia el mar, Barron Falls esta integrada en un impresionante desfiladero de igual nombre, que esta declarado Parque Nacional. Lamentablemente nuestra visita a Kuranda coincidio con la temporada seca, por lo que su flujo no era excesivo, al contrario de lo que sucede en el periodo humedo. Contribuye a la ausencia de agua en determinadas ocasiones la existencia de una presa, creada para regular el caudal que llega a una planta hidroelectrica situada aguas abajo.

Si el viaje de ida hasta Kuranda ha sido en ferrocarril, hacer la vuelta en teleferico es un modo complementario que permite disfrutar por completo del entorno. Durante un trayecto de mas de 7 kilometros y a mas de 40 metros sobre el suelo en algunos puntos, pudimos apreciar desde la cabina una perfecta vision cenital del bosque lluvioso que rodea la localidad. Existen un par de paradas intermedias, en las que un pequeño circuito ofrece la posibilidad de integrarse durante unos minutos en la exuberante vegetacion tropical, asi como avistar de nuevo Barron Falls desde un angulo diferente. Contemplar el bosque mas primitivo del Planeta desde el aire constituyo una experiencia formidable e inolvidable, que me enorgullece haber podido disfrutar a pesar de mis, en otras ocasiones, limitantes ataques de vertigo.
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