
Este inicio de primavera tan frio que hemos tenido en 2009 en España, con abundancia de nieve en buena parte del territorio, me ha llevado a recordar dias similares vividos en identica epoca del año 1995, aunque fuera en diferentes latitudes. Cuando el pequeño y algo destartalado Antonov 24 de las lineas aereas de Letonia en el que me dirigia hacia la capital del pais empezo su aproximacion a tierra, pude disfrutar desde mi ventana de un espectaculo hasta entonces casi inedito para mi: casi todo lo que mi vista alcanzaba aparecia cubierto de un espeso manto blanco. Hay que tener en cuenta que la superficie de esta, entonces casi reciente, republica baltica esta constituida casi en su totalidad por una llanura que, en su punto mas elevado, supera con dificultad los 300 metros. Por lo que ver tanta nieve alla abajo me parecio casi un contrasentido teniendo en cuenta ademas la cercania al mar de este joven estado.

Al tomar tierra en el aeropuerto de Riga empece a darme cuenta de que no llevaba ropa ni zapatos adecuados para aquella primavera tan diferente a las que estaba acostumbrado. Pero tampoco era algo que me preocupara en exceso. Hacia pocos años que la Union Sovietica se habia desmembrado y, con la excepcion de Rusia, Letonia era la primera de sus antiguas republicas que visitaba, por lo que casi todo habria de resultar nuevo para mi. El hecho de ver alguno de los mas de 2000 lagos que salpican el pais completamente helado, o el poder acercarme a algun riachuelo con sus aguas aun detenidas por las bajas temperaturas del invierno eran solo alicientes adicionales, que me reafirmaban en la idea de que me encontraba en el sitio adecuado y en la epoca del año conveniente. Algun resbalon a destiempo no pasaba de ser solo una anecdota.

Los barrios residenciales de Riga y otras ciudades letonas estan, o al menos lo estaban en aquella epoca, edificados a la manera comunista. Enormes y horrorosos bloques de viviendas de una tonalidad tristemente gris y, al contrario de lo que es habitual en otros lugares de Europa, con una considerable separacion entre ellos. Con tal abundancia de lagos por toda Letonia no debe resultar dificil tener alguno cerca de tu casa. Y en esta epoca del año, en la que la parte superior del agua aun permanece congelada, los letones se dedican a actividades en su tiempo libre que en España nos resultarian algo exoticas, como patinar sobre la superficie del lago o pescar a traves de agujeros abiertos en el hielo. Esto me resulto bastante curioso, aunque no me acerque a ninguno de los pescadores para preguntarle si lo hacia por hobby o por necesidad, pues la situacion economica del pais no pasaba un buen momento en aquella epoca.

A corta distancia de Riga se encuentra la poblacion costera de Jurmala, famosa en Letonia por ser un importante centro vacacional en el pais. Durante el periodo comunista aqui disponian de una dacha prebostes como Khrushchev o Brezhnev, lo cual no es de extrañar pues la aficion al lujo de los dirigentes sovieticos era bien conocida. Junto con interesantes construcciones de madera, algunas protegidas por su valor historico, en Jurmala convivian horrorosas edificaciones de hormigon al mas puro estilo comunista que, por suerte, han ido desapareciendo. De la estima que los ciudadanos letones, mayormente los de Riga, sienten por este lugar da una idea el hecho de que Jurmala significa en idioma leton algo asi como 'la costa', como si se hubiera dado por sentado desde tiempos inmemoriales que es este, y no otro, el sitio al que hay que dirigirse si se pretende pasar un dia de asueto junto al mar.

A pesar de que las bajas temperaturas propias de la primavera letona no auguraban un bañito en las aguas del Baltico, decidi acercarme un dia a Jurmala. Alli tuve el privilegio de contemplar su larga playa de fina arena casi completamente cubierta por la nieve y de asombrarme con las heladas aguas del mar formando lo que me parecieron diminutos icebergs. Mientras daba una vuelta por la zona, completamente desierta en aquella epoca del año, mis ojos se abrieron como platos al toparme con un pequeño restaurante que anunciaba comida española. Resultaba todo un anacronismo en aquella epoca post-sovietica, sin duda. Lleno de curiosidad, abri la puerta y me sente junto a una mesa, donde el unico camarero del local se dispuso a atenderme. Al indicarle que su cliente era español, parecio aun mas sorprendido que yo. 'Es usted el primer español que come aqui', me dijo con indudable acento cubano. Pasamos ambos un rato divertido charlando de nuestros respectivos paises aunque, para ser sinceros, la tortilla de patatas, producto estrella del local, no era nada del otro mundo.