24 de febrero de 2010

El templo de las pitones

En la beninesa ciudad de Ouidah se halla uno de esos lugares que es dificil creer que existan en la realidad, si no tienes oportunidad de verlos con tus propios ojos. Alli, en una especie de pequeño cobertizo con forma de choza, decenas de serpientes se acumulan en el espacio disponible, tal y como si de un hotel para reptiles se tratara. Y aunque los numerosos ofidios, todos ellos del genero piton, tienen en esa cabaña su lugar de residencia, no es exactamente una posada este sitio, sino algo aun mas sorprendente: un templo. Un extrañisimo espacio de culto, con su improvisado altar, sus sacerdotes y, por supuesto sus fieles, que alli se acercan a venerar a las que llaman pitones sagradas.

Ya habiamos vivido experiencias curiosas aquel verano de 2001 cuando llegamos a Ouidah, pero visitar el templo de las pitones fue seguramente la mas interesante de todas. Al menos para mi, pues Diana tiene fobia a los reptiles y no las tenia todas consigo. Se limito, por tanto, a echarle un vistazo desde la puerta de entrada, mientras yo accedia al interior con los ojos abiertos como platos. Numerosas serpientes yacian en el suelo, dando la sensacion de estar inmoviles la mayoria de ellas, pero haciendo notar su presencia si te acercabas demasiado. Las paredes del recinto estan cubiertas por pinturas murales que representan imagenes relacionadas con el culto a estos seres, bastante generalizado en la zona.

Y es que los fon, etnia predominante en la parte sur de Benin, piensan que las pitones traen prosperidad y buenas cosechas, e incluso las consideran reencarnaciones de sus antepasados. Las serpientes viven en la cabaña cuidadas por sus sacerdotes, que se encargan de proveerlas de todo lo necesario, aunque habitualmente las puertas del templo estan abiertas y los ofidios entran y salen a su antojo, generalmente de noche. Toda la poblacion esta acostumbrada a ellas y nadie las molesta ni, por supuesto, les causa daño alguno. Al contrario, cuando alguien se cruza con uno de estos reptiles lo saluda con respeto, como si se hubiera encontrado con alguien conocido.

Ouidah fue durante mucho tiempo el unico puerto maritimo en el actual territorio de Benin, y alli llegaban unos trescientos años atras numerosas embarcaciones, que se encargaban del horrendo trafico de seres humanos que sufrio el continente africano. Los esclavos eran hacinados en una serie de fuertes y, antes de partir, eran obligados a dar vueltas al llamado Arbol del Olvido, con el fin de que se desprendieran del recuerdo de sus hogares. Cuando el buque negrero estaba listo, debian caminar varios kilometros hasta la costa, desnudos y en condiciones inhumanas, desde donde eran llevados hasta sus bodegas en lanchas. Alli, en el ultimo pedazo de tierra africana que pisaban en su vida, se ha erigido la denominada Puerta del No Retorno en su memoria.

A pesar de ser un pais donde la mayoria de la poblacion conserva fuertes creencias animistas, estas conviven sin problemas con las religiones llevadas hasta alli por misioneros occidentales. Prueba de ello es la iglesia catolica que se levanta en las proximidades del templo de las pitones, junto a la que los ofidios sagrados pasan sin ser incomodados al salir en busca de comida. Cuando se acercaba el momento de abandonar tan exotico escenario no pude resistir la tentacion de colocarme una de las serpientes alrededor del cuello, tratando de no importunarla demasiado. Mas que por miedo a su reaccion, para no hacer pasar un mal rato a algun posible ancestro africano, cuya alma precisamente esa piton pudiera encarnar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Joer Floren, en que sitios te metes¡¡
Muy curioso
Gracias

M: Neila

Anónimo dijo...

ya te vale Floro, ya te vale.

Bejarano

MTTJ dijo...

La serpiente no es uno de mis animales preferidos pero encuentro un poco injusto que tengan tan mala fama y despierten tantas fobias. Me ha alegrado leer este post y ver que en algunos pueblos son admiradas.
Un abrazo

M.Teresa

fmanega dijo...

Muchas gracias por vuestros comentarios.

Maria Teresa, al contrario que a ti a mi siempre me han gustado las serpientes. Y me resulta todo un placer acariciar su piel suave y menos viscosa de lo que frecuentemente se cree. Aunque evidentemente algunas son peligrosas, no entiendo el porque de su mala fama.

Un abrazo.

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