27 de septiembre de 2010

La ciudad de las bicicletas

Nada mas pisar por vez primera las calles de Amsterdam, hace ya la friolera de 20 años, mis ojos de viajero novel se abrian como platos casi a cada paso que daba. Acostumbrado al caracter gris y uniforme de las ciudades que conocia hasta entonces, donde aparte de algun que otro monumento no habia nada que se saliese de lo comun, la ciudad de los canales aparentaba ser un paraiso del cosmopolitismo y un eden de las libertades, a la vez que sus habitantes parecian dotados de una modernidad apabullante. Tanta que hasta parecian convencidos de que el modo ideal para desplazarse por su ciudad era nada menos que la bicicleta, medio de locomocion que por entonces en España estaba predestinado a ser usado tan solo por los esforzados ciclistas que disputaban la famosa Vuelta.

Mientras paseaba una y otra vez a lo largo de los incontables canales que irrigan la ciudad, no dejaba de sorprenderme con la cantidad de ciudadanos que se dirigian sobre dos ruedas a sus quehaceres cotidianos. Desde jovenes vistiendo ropa deportiva a ejecutivos con traje y corbata, pasando por señoras que por su aspecto podian ser perfectamente abuelas. La bicicleta parecia ser el simbolo de la capital de los Paises Bajos, un estilo de vida que unia a todos sus habitantes independientemente de su sexo, edad o posicion social. El pivote sobre el que gravitaba la identidad de un pueblo, que estaba haciendo saber al Mundo algo tan importante como que el uso de vehiculos a motor privados en la gran ciudad es del todo punto innecesario.

Mi sentimiento de asombro en Amsterdam no decrecia, sino que incluso se incrementaba considerablemente al caer la tarde. Era entonces cuando la mayor parte de las prostitutas llegaban, generalmente en bicicleta, por supuesto, a sus lugares de trabajo en el Barrio Rojo. Aunque ya por entonces este lugar era muy conocido incluso fuera del pais, me parecio otro signo de modernidad evidente. Lo prueba el hecho de que ni siquiera ahora, veinte años mas tarde, estas trabajadoras del sexo han logrado un status similar en la mayoria de naciones pretendidamente avanzadas, entre ellas España. Donde la casta gobernante aun no ha caido en la cuenta de que, aparte de proteger la salud de estas personas, una medida como esta genera unos beneficios considerables en forma de impuestos.

Tenia sed, asi que me dirigi a un garito situado en las proximidades. No era fumador, pero por curiosidad estuve echando un vistazo a la carta, que mostraba los diferentes tipos de cannabis que podian adquirirse en aquel lugar. Y mis ojos se abrieron aun mas cuando pedi una cerveza. Fue entonces cuando el camarero me miro como si fuera una especie de delincuente mientras me informaba de que en aquel local no disponian de licencia para servir bebidas alcoholicas. Es decir, podias ponerte hasta arriba de porros, pero el acompañamiento, si lo requerias, tenia que ser por fuerza un refresco. No quita esto que en otros locales no pudiera adquirirse alcohol, pero quizas el impedir la coexistencia de estas sustancias, mas peligrosas si cabe cuando se combinan, no fuera tan mala idea despues de todo.

He vuelto a Amsterdam en diversas ocasiones desde aquella mi primera vez, y en todas ellas me he reafirmado en la idea de que la ciudad de los canales lleva varios pasos de ventaja a cualquiera de las otras grandes urbes que existen en el Mundo. No hay lugar mas cosmopolita, ni donde sus habitantes tengan un mayor sentido de la libertad que en este. En esta ciudad holandesa, y digo bien pues se encuentra en una provincia llamada Holanda, palabras como tolerancia o respeto adquieren todo su significado. Sin olvidar, por supuesto, el profundo sentido ecologista de sus ciudadanos. Ese que, entre otras razones, los lleva a elegir la bicicleta como medio de locomocion, incluso en los frios inviernos que se viven a orillas del Mar del Norte. Siete bicis por cabeza, una para cada dia de la semana, son la prueba.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

A mí también me parece Amsterdam una ciudad en la que nunca terminas de descubrir todo lo que te ofrece, cosmopolitismo, bullicio, flores y... la casa de Ana Frank, una de los motivos por los que deseaba ir para hacer realidad esos sitios que me hicieron sentir lo importante que es vivir, en narraciones de una adolescente a la que impidieron ser adulta.

Gracias Florencio por una vez más, hacernos viajar aunque sólo sea con la imaginación.

Antonio Aguilar dijo...

No podía estar más de acuerdo con esta entrada. La sensanción de libertad y cosmopolitanismo no toma más sentido en el globo que conozco (o más bien en el primer mundo que conozco) que en los Países Bajos.

Me apena enormemente que entre la gente joven, la gran mayoría con nulo interés en viajar y moverse,sea famosa esta urbe simplemente por que puedes pedir porros como si fueran salchichón o aguacates en una barra de bar.

Así de triste pero así de real.

Un abrazo Florencio!

Sele dijo...

Si hay alguna ciudad a la que me iría a vivir con los ojos cerrados, esa sería Amsterdam.

Como dice Antonio es mucho más que la imagen que muchos le dan de paraíso del porreo y el puterío. Siempre he pensado que para erradicar ese estigma basta con pasear de noche por el Barrio del Jordaan.

He estado tres veces y no descarto volver porque esta ciudad nunca me cansa.

Buen post, Floren. Y prepárate para una buena charla de viajes este viernes de camino a la Rioja Alavesa.

Un abrazo,

Sele

PACO&VERO dijo...

Me encanta tu post!!! Yo visite esta ciudad hace unos meses y me produjo el mismo sentimiento de union entre modernidad, respeto por el medioambiente y por los trabajadores de todos los sectores. Era increible cuando pasaba al lado tuya una chica holandesa de casi dos metros montada en su bici y el barrio rojo me encanto por todo lo que conlleva sobre los derechos que han adquiridos las trabajadoras del cariño en este pais unico. Haber si España toma ejemplo y legaliza el trabajo mas antiguo del mundo.

fmanega dijo...

Amsterdam es un lugar al que le tengo un cariño especial, no en vano lo he visitado por lo menos cinco veces, y seguro que volvere en el futuro.

Probablemente no me he sentido mas libre en ninguna otra ciudad, a pesar de que ciertos aspectos han ido cambiando para peor con el paso del tiempo. Por ejemplo, hace 20 años se veian pocas bicicletas con candado en la calle, algo que ya no es igual, debido al incremento de los robos. Pero a pesar de todo, espero que Amsterdam siga manteniendo su peculiar idiosincrasia por mucho tiempo.

Aparte de la casa de Ana Frank, amigo anonimo, hay un par de museos en Amsterdam que me parecen impresionantes (sin contar el dedicado al cannabis :-)). Son el Museo Van Gogh y sobre todo el Rijksmuseum, donde se encuentran las mejores obras de los ,mas grandes: Rembrandt y Vermeer. En cada una de mis visitas a Amsterdam, nunca he dejado de pisar ese lugar.

Muchas gracias a todos.

Un abrazo.

makavelik dijo...

Buenas Floren! Visité Amsterdam de pasada durante tres días y guardo muy buen recuerdo. La ciudad en sí me encantó, particularmente el barrio Jordaan, pero también es cierto que no pude disfrutar de sus museos y por ello quisiera volver algún día. Lo nuestro fue pasear y pasear de un lado a otro. Probamos uno de los porros que vendían y me pillé un amarillo de narices jejejeje... Eva se descojonaba y como bien dices... menos mal que no lo mezclé con alcohol.

Un saludo!

fmanega dijo...

Hay que tener cuidado con las sustancias que se pillan por esos mundos de Dios, Maka. A mi se me ocurrio probar el betel en Micronesia y casi me caigo al suelo del mareo. Y pensar que en mis tiempos mozos bebia absenta...debe ser la edad, que no perdona. :-)

Muchas gracias por tu comentario.

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