24 de febrero de 2010
El templo de las pitones
22 de febrero de 2010
Un pais, dos mundos
16 de febrero de 2010
'Amsterdam del Sur'
11 de febrero de 2010
El pulso de una ciudad vibrante
A diferencia de la mayoria de visitantes de Vietnam, para los que su capital es simplemente el punto de entrada al pais, Hanoi me sedujo de inmediato nada mas tomar contacto con ella. Tal y como es habitual en las grandes urbes del Sudeste Asiatico, es esta una ciudad bastante caotica, siempre en un permanente atasco circulatorio, con altos niveles de polucion y en principio muy poco atractiva. No obstante, las calles de Hanoi parecen poseidas por un ritmo de vida frenetico y sumidas en un constante latido vital que no he visto en otras poblaciones de caracteristicas similares. Como si de una gigantesca representacion teatral se tratara, millones de actores interpretan en ellas el rol de su propia existencia, inmersos en una actividad continua que solo cesa durante el ocaso, cuando la ciudad echa el telon hasta la siguiente escena, que comenzara pocas horas mas tarde.
Ya a una hora muy temprana, cuando despunta el alba, las calles de Hanoi aparecen atestadas de gente que se afana en practicar actividades como el tai-chi, el voleibol, diversas variedades de artes marciales o el jogging. Cualquier zona verde de la ciudad es apropiada para presenciar un desacostumbrado espectaculo, en el que miles de ciudadanos de todas las edades ejercitan su cuerpo, seguramente con el fin de mantener activa su alma y afrontar con el mejor estado de animo la larga jornada que se avecina. Tras tan dinamico despertar suele llegar el turno del primer 'phô' matinal. Es esta una tradicional, y para mi gusto deliciosa, sopa vietnamita hecha de una especie de tallarines, acompañados por diversos tipos de vegetales y a veces de carne, que los locales consumen continuamente a lo largo del dia.
Para desplazarse de un lado a otro de la ciudad, lo cual los ciudadanos de Hanoi parecen estar haciendo continuamente, el medio de transporte habitual es el ciclomotor, cuyas unidades aqui se cuentan por millones. Resulta dificil describir lo que suponen estas motocicletas en la vida cotidiana de un ciudadano vietnamita, pero la impresion que me dio es que resultan absolutamente indispensables para cualquier persona, independientemente de su sexo y diria que casi de su edad. Chicas adolescentes dirigiendose a una cita, trabajadores que transportan sus herramientas, comerciantes que sobre ellas llevan sus mercancias, ejecutivos de traje y corbata, familias enteras que van de visita. Todos, absolutamente todos, se desplazan a lomos de estas pequeñas motos haciendo notar su presencia a golpe de claxon.
Si hay una caracteristica que, en mi opinion, defina a los vietnamitas es su dinamismo, esa impresion que causan de estar inmersos en una actividad sin fin. Vendedoras de fruta protegiendose de los rayos solares bajo sus 'non bai tho', el tradicional sombrero conico local, portan el genero en una especie de balanza que sujetan sobre sus hombros. Comerciantes que trabajan las telas, la marroquineria, las piezas de repuesto y un sinfin de productos mas intentan atraer la atencion del viandante. Multitud de tenderetes, de chiringuitos, de puestos callejeros se disputan el espacio disponible, siempre con sus propietarios ofreciendo las existencias a todo el que por alli se acerca. Aunque para algunos occidentales parezcan algo agresivos en ocasiones, los ciudadanos de Hanoi siempre tienen presta una sonrisa, que asoma a su rostro incluso cuando no consiguen el deseado objetivo de la venta.
Ser peaton en Hanoi no es tarea facil, y en ocasiones puede llegar a convertirse en una aventura apasionante. El escaso espacio disponible en las aceras, donde los caminantes se encuentran innumerables obstaculos en forma de productos a la venta, improvisadas mesas donde los locales consumen 'phô', carritos para el transporte de mercancias y por supuesto motos aparcadas, puede exasperar los nervios mas templados. Teniendo en cuenta, ademas, que el asfalto es un territorio hostil donde la motocicleta es siempre la reina. Cruzar una calle puede parecer un menester imposible al principio, aunque cuando por fin decides arriesgar el pellejo te das cuenta de que todos los pilotos te esquivan con limpieza, como si una cierta alquimia les hiciera ponerse en tu lugar y evitar tu propio peligro. Me sorprendio comprobar que son raros los accidentes en las calles de Hanoi, aunque probablemente todo se debe a que el caos en el fondo no es mas que una rigurosa, aunque atipica, version de lo que habitualmente conocemos como orden.
9 de febrero de 2010
Un regalo del cielo
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America,
Mexico (Sian Ka'an-Xel Há)
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4 de febrero de 2010
El bosque inundado
Existe un lago en el centro de Camboya al que los locales denominan Tonlé Sap que, aparte de constituir la mayor acumulacion de agua dulce en el Sudeste Asiatico, experimenta todos los años un fenomeno cuando menos inusual. Conectado al Mekong a traves de una especie de canal natural, al que tambien se conoce como Tonlé Sap, el lago vierte por el sus aguas al rio durante la temporada seca. Pero al comenzar el monzon, lo que aqui sucede aproximadamente en Mayo, las fuertes lluvias provocan tales crecidas en el Mekong que el agua revierte su curso y comienza a fluir en direccion contraria, desde el rio hacia el lago. Este extraño suceso provoca que el Tonlé Sap se desborde, de forma que llega a multiplicar su tamaño por diez a finales de la estacion lluviosa, inundando campos, bosques y pueblos situados en sus proximidades.
Llegamos a las cercanias del lago un dia de Septiembre, cuando la temporada de lluvias de ese año se encontraba aproximadamente en su ecuador. A bordo de una de las caracteristicas embarcaciones de la zona enfilamos hacia un rio, que en la estacion seca debe representar poco mas que un arroyo, pero que ahora ofrecia un flujo mas que suficiente para nuestro bote. Numerosos manglares jalonaban el curso de la corriente, flanqueados por rudimentarias artes de pesca que se sucedian una tras otra, buena prueba de la abundancia de vida fluvial existente en este lugar. Nuestro destino era Kompong Phluk, uno de los pueblos flotantes situados en las cercanias del lago, que aparecio ante nuestros ojos como surgido milagrosamente de las aguas.
Sin echar pie a tierra, algo realmente complicado en este lugar, pasamos del bote a una especie de canoa, cuya cubierta apenas levantaba un palmo del agua. Su 'tripulacion' estaba compuesta por lo que parecian ser dos niñas de corta edad. El equilibrio de la canoa era tan inestable para pasajeros tan poco avezados como nosotros que evitamos movernos en demasia, algo dificil de conseguir cuando la mitad del pasaje no alcanzaba aun los cinco años de edad. Pero el mas leve movimiento en falso podia hacer que nos fueramos todos al agua, lo que no parecia una idea demasiado buena: aparte del remojon, no es del todo descartable la presencia de cocodrilos en la zona. De forma que tanto Diana como yo nos pusimos las pilas e intentamos mantener a Daniel y David lo mas quietos posible. Y asi, impulsados suavemente por el simetrico ritmo de paleo de nuestras pequeñas remeras, nos adentramos poco a poco en el bosque inundado.
Tal denominacion corresponde a un bosque cuyos elementos permanecen cubiertos por el agua cuando el Tonlé Sap comienza a crecer y anega toda la zona. En Septiembre el liquido elemento llega mas o menos hasta la mitad del tronco de los arboles pero en Noviembre, cuando el monzon llega a su fin, puede alcanzar buena parte de las ramas. Nuestra canoa se desplazaba lentamente entre ellos, pasando tan cerca de algunos que casi los podiamos tocar. Lo cual tampoco parecia lo mas adecuado, porque aparte de que se corre el riesgo de desequilibrar la embarcacion, con las consecuencias mencionadas, tampoco se puede desechar la posibilidad de toparse con una piton dormitando en las ramas. El lugar es portentoso, todo un remanso de paz donde solo se escuchan los sonidos de la naturaleza, que aqui parece discurrir a un ritmo pausado, sin preocuparse en demasia de lo que sucede en el mundo exterior.
Tras un tiempo disfrutando de la calma que se respira en el bosque inundado, emprendimos el retorno hacia nuestro bote. Mientras nos despediamos de las remeras, mi curiosidad fue mas fuerte que mi discrecion y pregunte la edad de la mas pequeña. 'Ya ha cumplido los 12 años', fue la sorprendente respuesta. Con su cara aniñada y su pequeño cuerpo, de menor altura que Daniel, no aparentaba mas de 7 primaveras. La desnutricion que siguio a la terrible dictadura comunista que asolo Camboya, cuando la cuarta parte de la poblacion fue masacrada sin piedad por los khmer rojos, muestra aun sintomas evidentes de su triste presencia. Enmascarada, eso si, por la franca sonrisa de los niños camboyanos, que calma nuestras occidentales conciencias evitando que caigamos en la cuenta de la desgraciada infancia que muchos de ellos aun hoy padecen.
2 de febrero de 2010
Negras montañas e insondables barrancos
Las fotos 3 y 5 que ilustran esta entrada son propiedad de Wikimedia; el autor de la numero 3 es Konrad Zielinski, mientras que la numero 5 es obra de Cornelius Bechtler.
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