24 de enero de 2011

La bella y los bestias

Desde que el arranque de la pubertad habia comenzado a moldear su cuerpo de niña, convirtiendolo en poco tiempo en el de una esplendorosa mujer, la belleza de Migiul no pasaba desapercibida entre sus convecinos. Su mirada limpia, sus senos turgentes, su delicada manera de moverse y, sobre todo, esa voz dulce, emitida siempre con un tono pausado, le otorgaban una fama que habia traspasado ya los limites de su aldea para extenderse hasta los rincones mas reconditos de la isla. No habia composicion novedosa que tuviera garantia de exito si no iba acompañada de su cautivadora manera de recitar o su suave modo de cantar, por lo que los mas afamados poetas locales se disputaban su presencia.

Algun tiempo atras Migiul habia sido secuestrada y llevada al faluw de la aldea, con el firme proposito de convertirla en mispil. Rapto nada traumatico el suyo, pues es lo que su familia esperaba para ella. A partir de ese momento, la agraciada joven habia pasado a ser esposa de todos y cada uno de los miembros del faluw, y como tal debia satisfacer todas sus necesidades, incluidas las sexuales. Migiul se encargaba por tanto de la limpieza de la casa de hombres, cocinaba para sus integrantes, les daba conversacion y su cuerpo, esbelto como un junco, siempre estaba dispuesto cuando era requerido por alguno de ellos.

En el estado micronesio de Yap se usa el termino mispil para referirse a una suerte de hetairas, encargadas de la limpieza y el mantenimiento del denominado faluw, construccion a la que solo tienen acceso los hombres adultos del poblado, asi como servir de descanso del guerrero para sus miembros. Aunque a ojos occidentales esta labor no se entiende demasiado bien, en realidad tal profesion estaba situada en lo mas alto de la jerarquia femenina en la isla tiempo atras. Tanto las chicas jovenes como sus familias aspiraban a que aquellas llegaran a convertirse en mispil algun dia, pero solo las mas agraciadas llegaban a adquirir tal estatus. Y aunque a veces la candidata era secuestrada por los miembros del faluw, lo habitual era que su familia recibiera una compensacion en forma de rai, o dinero de piedra.

Cuando navegantes ingleses y alemanes llegaron a Yap siglos atras aquello debio parecerles un antro de perdicion. Mujeres semidesnudas transitaban por la isla, tan solo cubiertas por el lava lava, especie de falda hecha de hierbas secas. Por no hablar de las mencionadas mispil, que fueron consideradas de inmediato una especie de prostitutas encubiertas. En lugar de aceptar diferencias culturales que debieran ser respetadas por lo que tienen de enriquecedor, la hipocresia occidental pronto puso la maquinaria en funcionamiento. Consiguieron de este modo erradicar por completo a las hetairas yapesas, al convencer a toda su sociedad de lo negativo de esa profesion, sin importar que su componente mas criticado sea tan habitual en Occidente. De igual manera cada vez mas mujeres se ven obligadas a cubrir su pecho con una camiseta, cuando enseñar los senos siempre fue culturalmente aceptado en contraposicion a lo que sucede con los muslos, parte del cuerpo que ninguna yapesa mostraria en publico.

La historia de Migiul no es fruto de mi imaginacion, sino que la mispil mas famosa de la que se tiene constancia existio en realidad. De acuerdo al testimonio de un ciudadano ingles que la conocio a principios del siglo XX, los nativos de Yap la consideraban la mujer mas hermosa de toda la isla. Destacaban especialmente su bajo tono de voz al conversar y sus cualidades como baladista, aunque estas no convencian del todo al occidental, que comparaba sus sonidos con los alaridos de un gato agonizando. Vislumbra tambien el ingles una sombra de tristeza en su rostro, pero lo que se percibe en su retrato es un aire melancolico que debia resultar muy atractivo a quienes la miraban. Admirada por los hombres y envidiada por las mujeres, no tengo dudas de que la bella Migiul tuvo una existencia muy feliz, a pesar de ejercer esa profesion hoy tan denostada.

2 comentarios:

MTTJ dijo...

Hola Floren
Es muy difícil para nosotros comprender según qué tipo de costumbres o tradiciones que tienen siglos de antiguedad. No conocía el caso que cuentas en el post pero enseguida lo he relacionado con las geishas. La cuestión es que la mayoría de estas tradiciones se basan en el hecho de que la mujer debe servir o dar placer al hombre. No sé yo si en alguna sociedad matriarcal encontraríamos algún caso en que esto sea al revés, o por lo menos esté más equilibrado.
Me ha gustado mucho este post. Un abrazo

fmanega dijo...

En ciertos aspectos las mispil eran similares a las geishas, Maria Teresa. Por ejemplo, servian de acompañantes a los hombres, cantaban o recitaban poesia para ellos. Aunque hay otro termino japones (que no recuerdo) que las representa mejor.

No entro ni salgo en si esta costumbre estaba bien o mal. Tan solo pienso que los occidentales hemos cometido tradicionalmente el error de imponer nuestra cultura por doquier. Y de esos polvos vienen lodos como Bin Laden, por ejemplo.

Muchas gracias por tu comentario.

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